viernes, 14 de junio de 2019

¿Pichetto es peronista?


Se discute mucho quién es peronista y quién no es peronista. Un tema mucho más transparente años atrás, pero que, visto desde 2019, es muy difícil de definir en términos lógicos, ideológicos, o de valores. Esa manera de definir las cosas da resultados que no coinciden con las intuiciones de nadie sobre quién es peronista y quién no lo es, porque, abordada la discusión así, surgen ejemplos y contraejemplos que dejan insatisfecho a todo mundo. A los peronistas, por ejemplo, les gusta jactarse de sus maneras manejarse, pero después de 2001, muchas de esas formas ya no son exclusivas de su patrimonio. Por otra parte, entre los no peronistas, después de la experiencia kirchnerista, ganó peso la idea de que ser patotero es igual a ser peronista y no ser patotero es igual a no ser peronista. Pero ése tampoco es un buen criterio para definir quién es y quién no es. Ya se ve, por ejemplo, que Pichetto no tiene esos modos.

Creo que hay otro criterio para definir peronismo y no peronismo que ofrece resultados que se ajustan mejor a nuestras intuiciones sobre quién es peronista y quién no lo es. Un criterio histórico. Podemos decir de una persona que es peronista o que no es peronista, según qué posición tuvo en ocho discusiones claves: la elección de 1983, el juicio a las juntas, las leyes de punto final y obediencia debida, a elección de 1989, el FREPASO, la elección de 1994, la de 1999 y el 2001. Estas ocho discusiones definieron el mapa ideológico de todas las personas que se formaron políticamente antes del kirchnerismo, y eso incluye a todos los candidatos y a todas las candidatas actuales a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la Nación. Mirando estas ocho discusiones, seguramente estemos acuerdo si decimos que son peronistas las personas que tuvieron la misma posición que Ubaldini, Ménem o Duhalde. Siguiendo este criterio, NK, CFK y, desde luego, Pichetto son peronistas. Por el otro lado, vamos a estar de acuerdo si decimos que no son peronistas las personas que sostuvieron la misma posición que Alfonsín, Angeloz, Massaccesi o De la Rua. Estas dos opciones, desde luego, no cubren todas posibilidades. Las decisiones de Cafiero y del Chacho Álvarez, por ejemplo, fueron demasiado sensatas o demasiado creativas para ajustarse a esta dicotomía. Pero los dos polos que dibuja este criterio ayudan a ordenar la discusión. Mirando las cosas de este modo, Leandro Santoro no es peronista. Cristian Ritondo sí lo es. Patricia Bullrich no se sabe. La cuestión de 2001 es polémica, porque hay diferentes lecturas sobre cómo actuaron unos y otros actores. Sin embargo, si nos atenemos estrictamente a lo que cada figura dijo en público, la definición sigue funcionado. Si 2001 es el punto débil de esta definición, es porque en ese momento empezó a tambalear el orden político que, desde 1983, se había sostenido sobre la dicotomía.

En consecuencia, en esta elección muchos incrédulos del peronismo vamos a votar una fórmula, digamos, bastante más peronista de lo que alguna vez hubiéramos imaginado. Esto confirma una de las tendencias de largo aliento de la política post-2001: la peronización de la política y el atrofiamiento progresivo de la política no peronista.

En este nuevo escenario, se equivocan los que creen que el gobierno hace antiperonismo. Ésa es una interpretación equivocada, a la que el propio gobierno muchas veces recurre. A falta de mejores imágenes para explicar lo que quiere hacer, deja correr la versión de que hace antiperonismo. Pero, la política del gobierno no es para nada antiperonista: hay acuerdos con los bloques justicialistas, hay ministros peronistas, se inauguran monumentos a Perón. Al gobierno no le interesan esas discusiones de la historia y del corazón. El gobierno lo único que quiere es reformismo modernizador y moderación política. Ése es su programa. Y Pichetto uno de sus más claros defensores.

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