Estoy azorado por la confusión y la incredulidad sobre Cambiemos que muestra el continente post kirchnerista. En los últimos siete días decenas de artículos buscando explicar o entender a Cambiemos: "la función de sus medidas progresivas", "su naturaleza, finalmente, conservadora", "el fundamento no-económico de sus votos", "el impacto de la obra pública", "su organización de partido político". Casullo, Semán, Touzón, Rodríguez, Natanson, López, Tatián.
Tal vez, no sea tan difícil: en la Argentina nunca nadie gobernó cuarenta años, esto no es la Unión Soviética; cuando el modelo económico de un gobierno se agota, el electorado no confía en que ese mismo gobierno sea quien lo revise; a quince años del 2001, todavía las argentinas y los argentinos organizamos los proyectos políticos en dos grandes continentes: los peronistas y los no-peronistas, cansados de un gobierno peronista, viene uno no-peronista. Ninguna de estas cosas es nueva y, así como explican el triunfo de Cambiemos, es probable que expliquen su derrota, cuando ésta llegue.
No ver líneas tan fundamentales de nuestra política podría ser otra expresión del ombliguismo que caracteriza a los miembros de esta generación que cree que la política, el estado y la historia nacional empezaron el día que ellos los descubrieron. Para esta manera de pensar nuestro país, descubrir la novedad histórica de Cambiemos es salvar la novedad histórica del kirchnerismo. Porque si Cambiemos fuese no más que lo que viene cuando un gobierno peronista encuentra sus límites, el kirchnerismo podría haber sido sóló otro gobierno peronista.
Tal vez, no sea tan difícil: en la Argentina nunca nadie gobernó cuarenta años, esto no es la Unión Soviética; cuando el modelo económico de un gobierno se agota, el electorado no confía en que ese mismo gobierno sea quien lo revise; a quince años del 2001, todavía las argentinas y los argentinos organizamos los proyectos políticos en dos grandes continentes: los peronistas y los no-peronistas, cansados de un gobierno peronista, viene uno no-peronista. Ninguna de estas cosas es nueva y, así como explican el triunfo de Cambiemos, es probable que expliquen su derrota, cuando ésta llegue.
No ver líneas tan fundamentales de nuestra política podría ser otra expresión del ombliguismo que caracteriza a los miembros de esta generación que cree que la política, el estado y la historia nacional empezaron el día que ellos los descubrieron. Para esta manera de pensar nuestro país, descubrir la novedad histórica de Cambiemos es salvar la novedad histórica del kirchnerismo. Porque si Cambiemos fuese no más que lo que viene cuando un gobierno peronista encuentra sus límites, el kirchnerismo podría haber sido sóló otro gobierno peronista.
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