Las discusiones del campo de las políticas públicas no tienen el impacto de los debates de otros campos académicos. Sus discusiones crecen entre lo que dejan otras disciplinas, como la economía o la ciencia política. O la misma política. Las políticas públicas son segundas, derivadas, suplementarias, instrumento para otros ¿Pero sabemos qué es una política pública? ¿Qué es el campo de las políticas públicas? ¿Las políticas públicas son una disciplina o una colección de problemas de otras disciplinas? Si -como dijo Facundo Peña Boero- una política pública siempre responde a un problema, tal vez podamos encontrar respuestas si preguntamos qué es un problema de política pública ¿Qué problemas son susceptibles de ser abordados por la política pública? ¿Ya identificamos qué factores determinan que un problema o una familia de problemas tenga más chances de ser abordado por la política pública?
Y, por otra parte ¿A quién se le pregunta por la política pública? ¿Es el Estado es el sujeto exclusivo de la política pública? Finalmente ¿Está medido el impacto de nuestras discusiones? ¿Cuáles son los factores que lo determinan? Estas y otras preguntas serían objeto de una teoría de las políticas públicas. Que no sepamos si una teoría así ya existe es otro índice de lo que se nos aparece como la debilidad del campo de las políticas públicas como disciplina académica y que vemos correlativa con su impacto, desde nuestra perspectiva, todavía bajo. Veamos algunas señales de esta debilidad disciplinar o algunas causas de su bajo impacto en la discusión pública.
La principal señal de una posible debilidad del campo de las políticas públicas es su falta de especificidad. Como campo ¿Las políticas públicas son o pueden ser algo más que una colección de discusiones de otros campos: la economía, la educación, el urbanismo, el sanitarismo, la ciencia política, otros? Y aun si afirmamos que las políticas públicas son sólo una colección de discusiones de otros campos ¿Qué es lo específico de esa colección? ¿Una metodología, un abordaje, un criterio de selección de discusiones, un historia teórica? La falta de especificidad se advierte, también, en la falta de grandes clivajes que organicen el campo. Porque en las discusiones de la política pública los debates son, en casi todos los casos, importados desde otros campos que, ocasionalmente, resultan útiles para entender una discusión de políticas públicas ¿Pero hay clivajes específicos de las discusiones de políticas públicas? Se podrá decir que un análisis riguroso dejaría en evidencia que para toda disciplina las fronteras pueden volverse difusas si uno empieza a indagar. Pero aun esta observación tendría que reconocer, para ponerlas en cuestión, esas fronteras disciplinares que cuestiona ¿Cuál serían las fronteras del campo de las políticas públicas? Si podemos identificar la extensión de la expresión “políticas públicas”: esto y aquello son políticas públicas ¿Podemos definir su intensión, es decir, el criterio por el cual esto y aquello son políticas públicas? En los debates que no parecen importados de otras disciplinas -arquetípicamente, la investigación sobre el ciclo de las políticas públicas- hay un hilo del que tirar para pensar esta cuestión. Porque, si la principal señal de debilidad de un campo es su falta de especificidad, el primer paso de su fortalecimiento es pensar su posible especificidad.
Una segunda cuestión a pensar es cuál es la pregunta que funda este campo. Si -para ilustrar con unos ejemplos- la pregunta de la economía es qué principios regulan la producción y distribución de bienes escasos y la pregunta de la antropología es cómo se organiza la cultura y cuál es su sentido y la pregunta de la ontología es cuál es la naturaleza de las cosas. Intentemos precisar, entonces, cuál es la pregunta del campo de las políticas públicas. Acaso una primera pregunta, una pregunta fundante -al menos, en nuestro país- sea "¿Qué es una buena política pública?" Una pregunta fundante más allá de que haya o no sido la pregunta que efectiva e históricamente buscaron responder quienes introdujeron este nombre, "políticas públicas", en las discusiones académicas de nuestro país. Fundante porque, más allá de un registro histórico concreto, hoy podemos reconstruir esa pregunta en los textos, las clases y las discusiones sobre políticas públicas como una preocupación subterránea pero permanente. Este pregunta estructura planes de estudio, inspira preguntas de investigación y abordajes metodológicos; discutimos, enseñamos y estudiamos qué hace que una política pública sea mejor o peor ¿Su consistencia económica, su factibilidad política, la posibilidad de ser evaluada, sus criterios de justicia, su forma legal? La manera en que cada uno compone esta lista ya implica una definición de política pública. Esta pregunta fundante no brota de la nada -sea el caso que alguna vez alguien la haya explicitado de esta manera, sea una reconstrucción teórica- sino que se inscribe en largas tradiciones. En términos muy generales, pero también muy desarrollados en la historia del pensamiento, esta pregunta sigue la preocupación que, desde Platón para acá, pregunta por la relación entre conocimiento y gobierno. Más específicamente, la pregunta sobre qué hace buena a una política pública expresa una esperanza también conocida: salvar al gobierno de la política.
Un tercer punto a considerar es la agenda de lo que actualmente conocemos como el campo de las políticas públicas, mayormente dominada por temas, a esta altura, clásicos. La administración de la salud, de la justicia, de la educación, de la seguridad, de las relaciones laborales. Responsabilidades que durante todo el siglo distinguieron al estado de bienestar, un compromiso -como Hobsbawm lo describió-, cuanto menos, dudoso en la Argentina contemporánea. Y, por otra parte, qué pasa con las problemáticas que emergen en el declive del bienestar: la cuestión del género, la accesibilidad, los migrantes, los regulación de la tecnología. Y quién estudia las políticas que no tienen al Estado como protagonista ¿Existe eso? ¿Hay política pública fuera del Estado? El control de la sociedad civil, la economía popular, el mecenazgo -por mencionar algunos ejemplos- ¿Sólo pueden ser estudiados por la antropología o la sociología? ¿No son campo fértil para las preguntas y las herramientas de las políticas públicas?
Si, exploradas estas preguntas, no llegamos a una definición más precisa de qué es el campo de las políticas públicas, eso no es inevitablemente un problema, si en el camino ayudamos a medir y a pensar sobre el impacto de ese campo, su espesor y su calado, si aclaramos sus usos actuales y si descubrimos nuevas aplicaciones, si entendemos la sociología de la que emerge y qué rol juega en la economía y en la política; también, si parados de nuestro propio lugar en las políticas públicas, vemos qué ideas de la economía, de la ciencia política y de la política delineamos cuando trabajamos.
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