¿Cuál es el sentido de discutir sobre el radicalismo y su historia en el contexto actual?
Bueno, Alfonsín repetía una frase de Bobbio: “somos lo que elegimos recordar”, y justamente eso que elegimos recordar, siempre está condicionado por las preguntas que nos hacemos en el presente.
¿Sobre qué momentos de la historia del radicalismo creés que puede resultar fructífero discutir para pensar la Argentina actual?
No sé si hay un momento específico. La historia del radicalismo tiene más de un siglo, se confunde con la de la Nación. Es inmensa en términos cronológicos, espaciales y sociales. Más bien creo que hay temáticas, y formas de abordaje que fueron poco visitadas, y tienen mucho que aportar en el estudio del radicalismo y la Argentina actual. Por ejemplo los desarrollos de los últimos años acerca de la clase media, los populismos, los estudios culturales, la historia de los trabajadores, la historia intelectual, etc. Hoy se discute el tema de los populismos y se recurre para ello a analizar el yrigoyenismo, el discurso de Intransigencia y Renovación durante el primer peronismo, e incluso del alfonsinismo. Cuando se repasa la historia intelectual, los grupos de intelectuales que rodearon a Alfonsín son una visita obligada. Dentro del gran desarrollo de la historia de las izquierdas y de los trabajadores se toca, aunque tangencialmente, las relaciones con el radicalismo. Los estudios culturales, ya sea enfocados desde la historia de la cultura escrita, del deporte, de la cultura popular o de masas, son importantísimos para explicar el arraigo popular del radicalismo. Su penetración capilar a través de la cultura popular y de masas fue fundamental desde el inicio del radicalismo para convertirse de un grupo de jóvenes críticos escindidos de la aristocracia porteña, a una fuerza social popular que le dio contenido a la democracia.
La presentación de la jornada afirma que el radicalismo es un objeto de estudio poco trabajado en el campo académico local ¿Cuáles son las causas de esta postergación?
El radicalismo quedó bastante marginado como objeto de estudio en el campo académico, y sobre todo en la divulgación. Los factores son muchos, algunos propios del radicalismo como la poca valoración que da el partido a las nuevas formas de encarar los estudios históricos, que van más allá de las explicaciones tradicionales de los símbolos y las efemérides. Hay una mirada muy nostálgica de la historia, como de pieza de museo, y no como capital simbólico, con toda la importancia que esto tiene en la formación permanente de la identidad de un partido político. Es un espacio lleno de fórmulas gastadas, y los estudios más renovadores (que los hay) no logran penetrar e insertarse en la discusión cotidiana, en la cosmovisión de los radicales. El sentido común de la historia del radicalismo se sigue formando con textos de hace 50 años como los de David Rock, Gabriel del Mazo o Ezequiel Gallo. Los más recientes aportes de Persello, Adamovsky, Joel Horowitz y Gerchunoff son un poco de aire fresco para renovar un poco estos estudios.
También hay una serie de autores muy interesantes como Rapallo, Prieto, Tarcus, Martinez Mazzola, etc. que vienen trabajando otras líneas de investigación que se rozan con el radicalismo y dejan puntas para comenzar a trabajar, más que interesantes. Por otro lado, cierto sentido común de que todo comienza con el peronismo, e incluso todo lo que sucedió antes sirve como para explicar el porqué del surgimiento este movimiento político. Además el peronismo es un partido que tiene indudablemente un capital simbólico muy fuerte y maleable, y que le destinan recursos.
Entre los artículos presentados para la jornada y aquellos otros que ya se conocen ¿Cuáles son los temas más trabajados?
No sé si hay un patrón en los temas que se abordan en las Jornadas. Sí hay distintos perfiles de investigadores. Dentro de los que vienen del campo académico están los que provienen de Ciencia Política y gente que es de Historia. Pero también están los que son graduados y los que recién comienzan y tienen a estas jornadas como su primera experiencia en este tipo de encuentros. También hay jóvenes que desarrollan su tarea de modo independiente de la universidad, como así también quienes provienen de otras carreras como Derecho y tienen interés en estos temas. Desde acá, lo que intentamos hacer es juntar estos mundos que tienen producción de investigaciones y espacios de intercambio propios, pero que funcionan como mundos separados. Hoy la interdisciplinareidad es fundamental, y estamos seguros que se van a dar cruces interesantes entre distintas carreras, entre estudiantes y graduados, y entre profesionales y amateurs.
¿Por qué eligieron a Pablo Gerchunoff y a Luciano de Privitellio para el cierre de la jornada?
Mirá, más allá de ser nombres convocantes, lo que nos interesaba era reforzar la imagen del perfil académico de las Jornadas, pero fundamentalmente rescatar el espíritu crítico de las mismas. Lo hicimos desde la convicción de lo que no queríamos que fuera. Eso de caer en el panegírico, de lo bueno que es el radicalismo y de cómo la sociedad no se da cuenta de lo que se pierde. Salir de la visión cristalizada de la historia del radicalismo. Con Gerchunoff y Privitellio, más allá de coincidir o no, tenés un debate de calidad asegurado.
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